Descubra el Tratado Antártico y las pautas de bioseguridad necesarias para proteger la fauna, respetar la ciencia y explorar la Antártida de manera responsable y segura.
La Antártida no está gobernada por ningún país. No hay un municipio local, ni guardaparques en la entrada, ni boletería. Y, sin embargo, es uno de los lugares más minuciosamente protegidos del planeta.
La realidad es que la libertad de pisar el séptimo continente conlleva responsabilidades; responsabilidades que creemos que deberías entender antes de ir. No porque sean complicadas (no lo son), sino porque entender el PORQUÉ detrás de cada una hace que aprecies aún más la Antártida cuando la estés visitando.
Aquí tienes una guía práctica con las normas para los visitantes
En 1959, doce naciones firmaron el Tratado Antártico, reservando el continente como un espacio dedicado a la paz y la ciencia: sin actividad militar, sin reclamos territoriales activos y sin explotación comercial.
Con el tiempo, muchos más países se sumaron al Tratado.
En 1991, este marco se reforzó con el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente, que designó a todo el continente como reserva natural y fijó obligaciones vinculantes para cualquiera que viaje allí, incluidos turistas.
En la práctica, esto significa que cada operador de expedición debe estructurar sus viajes en torno a estas obligaciones, y se espera que cada visitante, sin importar su nacionalidad, las cumpla. Es un sistema basado tanto en la confianza como en la regulación, y ha funcionado de manera correcta durante más de sesenta años.
La fauna siempre tiene prioridad
Esta es la regla por la que más nos preguntan, y es muy simple: los animales dictan el encuentro, no nosotros.
• Mantén siempre una distancia respetuosa con pingüinos, focas y aves marinas, y dales aún más espacio durante la época de cría y muda, cuando son más vulnerables.
• Nunca alimentes, toques ni manipules a ningún animal, por más curioso (o tierno) que parezca.
• Muévete despacio y en silencio. Los botes, la gente e incluso las pisadas pueden perturbar a la fauna mucho más de lo que imaginas.
• Mantente alejado de los colchones de musgo y las laderas cubiertas de líquenes; parecen firmes, pero el daño de una sola pisada puede tardar décadas en recuperarse.
• Nada que no sea nativo de la Antártida desembarca contigo: ni semillas en las botas o la ropa, ni restos de comida, ni material de viajes anteriores olvidado en algún bolsillo. Por eso, antes de llegar al Continente Blanco, pasaremos por un protocolo de bioseguridad en el que se inspeccionará y limpiará toda la ropa exterior con la que se baje a tierra.
Organizaciones como la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida (IAATO) han implementado estrictas normas de bioseguridad para prevenir la propagación de la Gripe Aviar Altamente Patógena (HPAI H5N1), que incluyen:
1. Prohibido sentarse o arrodillarse: los visitantes no pueden sentarse, arrodillarse, agacharse ni acostarse en el suelo o la nieve para evitar cualquier contacto con excrementos o suelo potencialmente contaminado.
2. Mantén tu equipo fuera del suelo: mochilas, patas de trípodes, bastones de trekking y demás equipo no pueden apoyarse directamente sobre el suelo o la nieve.
3. Desinfección constante: toda prenda u objeto que toque el suelo o el entorno se somete a una estricta sanitización entre diferentes regiones y sitios de desembarco.
4. Tocar o manipular animales muertos o enfermos está estrictamente prohibido.
5. Inspección previa al desembarco: el equipo de expedición explora los sitios de desembarco en busca de fauna enferma o muerta antes de permitir que los pasajeros bajen, y los sitios pueden cerrarse si se sospecha de un brote.
6. Reportar comportamientos inusuales: cualquier síntoma observado como temblores, falta de coordinación, alta mortalidad o conductas extrañas en aves y focas debe reportarse de inmediato a los líderes de expedición o jefes de base.
Nada de esto responde a una restricción arbitraria. Es lo que hace que cruzarse con la fauna se sienta como un privilegio y no como una molestia.
Hay lugares que simplemente están fuera de los límites
Ciertos puntos de la Antártida cuentan con protección especial por su valor ecológico, científico u histórico. Unos pocos requieren un permiso especial solo para pisarlos; otros están completamente cerrados al público.
Tu equipo de expedición sabrá siempre dónde están estos límites. Si un sitio de desembarco se cierra, es por una buena razón, aunque no resulte evidente desde la Zodiac. Lo mismo aplica para las cabañas históricas de la Antártida: son fascinantes de ver, pero están estrictamente fuera de los límites para tocar.
La ciencia es lo primero en las bases
La Antártida es, probablemente, el principal laboratorio científico a nivel mundial. Los científicos y el personal que viven en las bases llevan adelante investigaciones activas a largo plazo, por lo que tratar su trabajo y su espacio con absoluto respeto es esencial.
Si tu itinerario incluye una visita a una base científica, se habrá coordinado con mucha anticipación. Una vez allí, el equipo y los sitios de trabajo en campo están estrictamente restringidos. Respeta la privacidad y la labor diaria de los investigadores que consideran estas bases su hogar.
La seguridad viene con el territorio
La Antártida es genuinamente uno de los entornos más impredecibles de la Tierra.
Prepárate para lo inesperado: el tiempo cambia en cuestión de minutos, así que empaca y vístete para condiciones variables.
Mantente a la vista: no pierdas de vista a tu grupo y sigue las instrucciones de tus guías de inmediato. Ellos monitorean constantemente el viento y el movimiento del hielo.
Los glaciares esconden grietas: nunca camines por campos de nieve o glaciares sin un guía, ni te alejes del grupo.
Autosuficiencia: el centro médico más cercano puede estar a días de distancia. Aunque los barcos cuentan con personal médico a bordo, las evacuaciones son complejas y dependen por completo del clima, razón por la cual seguir las pautas de seguridad es fundamental.
Déjalo exactamente como lo encontraste
Mantener la Antártida prístina se reduce a la regla más simple de todas: no te lleves nada, no dejes nada.
Eso significa no dejar basura (por supuesto), pero también no guardarte piedras, huesos, plumas, fósiles o fragmentos de sitios históricos en el bolsillo como recuerdo. Todo tipo de residuo debe regresarse a bordo del barco.
Podríamos simplemente darte una lista de equipaje y desearte un buen viaje. Pero los viajeros que más disfrutan de la Antártida son aquellos que comprenden su importancia y entienden por qué se la protege con tanta pasión.
Cada operador con el que trabaja The Polar Travel Company integra estos principios en sus viajes como norma general. Tu parte es simple: mantén la curiosidad, guarda la distancia, escucha a tu equipo de expedición y deja la Antártida exactamente tan intacta como la encontraste.
Eso es realmente todo lo que se necesita para ser un buen invitado en el último gran territorio salvaje del planeta.
About the Author
Sebastián tiene más de 20 años de experiencia viajando por las Regiones Polares. Ha liderado más de cien expediciones a la Antártida a bordo de diferentes barcos, dando conferencias sobre geografía, hielo e historia antártica.
Como conferencista sobre temas antárticos, ha sido invitado a la reunión anual de la International Superyacht Society, en Fort Lauderdale, Estados Unidos, y a la semana antártica que se organiza anualmente en Ushuaia, Argentina, la ciudad más austral del mundo.
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